Correr no es malo para las rodillas: El verdadero enemigo del corredor (y no son los kilómetros)
«Corro, luego me duelen las rodillas. Será que no estoy hecho para esto». Es una frase que escuchamos muy a menudo en la consulta. Pero, ¿y si te dijéramos que correr, por sí mismo, no es malo? De hecho, el cartílago de la rodilla se nutre del movimiento, como una esponja que se empapa de líquido sinovial al impactar contra el suelo.
El problema no es correr, es cómo corres. El verdadero enemigo de un corredor son los desequilibrios musculares.
Un cuádriceps muy fuerte (por el gimnasio o la bici) y unos isquiotibiales débiles pueden desestabilizar la rótula.
Correr siempre por el mismo lado de la carretera (con el peralte) vicia la pisada.
Aumentar el kilometraje muy rápido sin dar tiempo al músculo y al tendón a adaptarse.
Claves para proteger tus rodillas:
- Fortalecimiento de glúteo: El glúteo medio es el gran olvidado. Si es débil, la cadera se hunde al correr y la rodilla sufre. Sentadillas a una pierna o elevaciones laterales de cadera son tus amigos.
- La importancia del descanso: El músculo no crece ni se repara corriendo, sino en el sofá. Respetar los días de descanso es clave para evitar la tendinitis.
- Estudio de la pisada (más allá de la pronación): Ven a vernos. Analizamos tu carrera en una cinta para ver dónde está fallando la cadena cinética. A veces, el dolor de rodilla se soluciona trabajando la movilidad del tobillo.
¿Quieres seguir corriendo muchos años? No te centres solo en las zapatillas. Invierte tiempo en un buen trabajo de fuerza y en revisar tu técnica. Podemos ayudarte a crear una rutina de prevención específica para ti.